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jueves, 22 de septiembre de 2011

Superar adversidades

Todos hemos sufrido en nuestra vida tanto personal como laboral alguna adversidad: Un proyecto que se complica y termina tarde, procesos de selección en los que no somos elegidos, tomas de decisiones erróneas, ascensos en los que no nos tienen en cuenta, despidos, cierres de empresas, relaciones personales fallídas, etc.



Son situaciones duras, decepciones, desengaños que pueden afectarnos en mayor o menos medida, pero de los que debemos extraer consecuencias positivas, y sobre todo empezar a superarlos inmediatamente con energía y determinación.

El refranero es sabio en este sentido y así encontramos miles de dichos populares para paliar esos efectos negativos. Agua pasada no mueve molino, lo que sucede conviene, más se perdió en Cuba, después de la tempestad viene la calma... Ante una adversidad deberíamos seguir estos simples pasos de manera constructiva y positiva para superarla y no perder el enfoque en nuestro gran objetivo.

- Mitigar los posibles efectos: el proyecto no salió bien, se retrasó, intentemos suavizar las consecuencias y avanzar.

- Dedicar un tiempo a analizar la situación fría y objetivamente, sin condicionantes personales ni emocionales: cuales fueron las causas de nuestro fracaso, cual fue nuestra actitud, que hicimos y que pudimos hacer para evitarlo, como enfrentaríamos esa misma situación en el futuro... Puede ser útil la ayuda de un amigo o persona de confianza para que nos ayude en ese análisis.

- Extraer lecciones y enseñanzas: Pese a lo mala que es la situación y sus consecuencias, fortalecernos, aprender, madurar.

- Pasar página, olvidar lo sucedido. Enfocarnos en nuestra tarea, continuar con nuestros proyectos de manera que no perdamos tiempo, energía ni esfuerzos en recordar una situación concluida que no podemos revertir. Sucedió, trajo consecuencias negativas que ya no podemos cambiar, pues sigamos avanzando.

Ante la pérdida de un empleo, cuanto antes olvidemos y no enfoquemos en buscar un nuevo trabajo, mejor. Ante ese proyecto que no culminó bien, hacer lo posible por mejorarlo si hay oportunidad, o perfeccionar en el futuro nuestra capacidad de gestión y organización. Lo peor que podemos hacer es mortificarnos, recrear la situación adversa una y otra vez, seguir pensando en el problema. Puede tener graves consecuencias incluso para la salud.

Recordemos, que esos pequeños fracasos pueden ser simplemente parte de un gran todo, de un gran proyecto, de un conjunto de actos. Nunca perdamos el enfoque en el gran objetivo, aunque en el camino tengamos que sufrir alguna baja y cientos de obtáculos.

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